martes, 9 de febrero de 2016

AMOR DE PADRE - ENSAYO



AMOR DE PADRE - Ensayo

Al hablar del cariño, del afecto, de las relaciones tiernas o del amor filial, es habitual recurrir a la figura de la madre. El amor de una madre es el más exteriorizado y ellas no se sonrojan al demostrarlo, sino que se apasionan en brindarlo a sus hijos abiertamente y efusivamente aunque el nene tenga pelos de medio metro en las piernas y esté acompañado por su novia. Pero al amor de padre, por causas culturales o tradicionales o de familia, o de vaya usted a saber por qué, los varones lo tenemos un poco escondido, como de incógnito, como si lo ahorrásemos para usar más tarde.
El amor es la esencia de Dios, él es amor, él es el inventor del amor y al crearnos decidió compartir con nosotros su amor, seamos de uno u otro sexo, colocándolo en nuestros sentimientos para que sintamos hacia los nuestros lo mismo que él siente por nosotros, para dejarnos ejemplo en nosotros mismos de quién es él.
A causa de los conflictos armados en medio oriente, nos llegan casi a diario imágenes de muertes, de casas destruidas, de familias arrasadas. Y llama la atención que en varias de ellas se retrata a padres llorando desconsoladamente por la muerte de sus hijos y seres queridos. Estas imágenes contrastan con nuestra cultura, pues en situaciones de pérdidas de hijos en forma violenta, generalmente se retrata a la madre para dar fuerza visual a esa situación desgarradora. Tal vez esto esté relacionado con la herencia dejada por nuestros mayores que nos inculcaban que los hombres no lloran, que debemos ser de acero.
En una ocasión Jesús se dirige a un grupo de hombres y les pregunta si había alguno entre ellos que era capaz de darle a su hijo una piedra si le pedía un trozo de pan. Papá, les dice Jesús, ¿le negarías a tu hijo lo que necesita?
Los papás, hacemos varias cosas por nuestros hijos. Nos levantamos todos los días para trabajar. Jugamos con ellos, los acompañamos al colegio en sus distintas etapas. Los acompañamos en algún viaje de estudios. Los cuidamos. Los alzamos. Los ponemos sobre nuestros hombros. Vamos caminando y los tomamos de la mano, o cuando son más pequeños, le damos un dedo pues con ese alcanza. Al levantarnos de noche nos fijamos si duermen bien tapados, o si están enfermos estamos ahí para controlarlos y cuidarlos. Los papás, podemos resumir, hacemos las cosas que nos piden, siempre y cuando sean coherentes, como cuando quieren que les compremos alguna prenda de moda o alguna golosina favorita. Hacemos cosas que no nos piden y suelen proferir regaños como cuando los enviamos al colegio, los levantamos temprano y les enseñamos conductas y rutinas. Y hacemos cosas que sabemos que necesitan, independientemente que nos la pidan o no.
Sabemos cuando tienen que comer, que alimentos darle, como deben equilibrar la comida. Si les debemos o no comprar ropa, o si les quedan chicos los zapatos. Si nosotros como papás sabemos dar estas cosas a nuestros hijos, ¿cuánto más nuestro Padre que está en los cielos? Y eso querido, es verdadero y puro amor de padre.
Buscando algunas características de Dios como padre es sorprendente saber que él sabe todo de mí y sabe todo sobre ti. Sabe todo de todo. ¿Qué diría la persona que vive más cerca de ti, la que convive desde hace muchos años contigo si se le interroga sobre tu vida, tu pasado, tus gustos y disgustos? Develaría detalles que hasta a ti te asombrarán, pero seguro que le faltará decir todos tus pensamientos secretos y todos tus dolores ocultos, pues las alegrías generalmente son compartidas con los que nos rodean, pero los secretos, secretos quedan. Pero Dios sabe todo. Papá Dios sabe cuando estás sentado, sabe cuando estás parado, sabe si te levantas temprano o si dormiste la siesta. Sabe en qué postura estás mientras lees esto. Papá Dios sabe qué piensas sobre cada tema, no se le escapa nada. A tal punto nos conoce que hasta tiene contados todos nuestros cabellos. Fíjate que detalle ínfimo, pero es un detalle que demuestra que nada carece de significado para quien te ama. Al momento de tener a su hijo en brazos luego de nacer, la mamá comienza a mirarlo detenidamente, acaricia su cabecita, se asombra por la cantidad de pelo con la que nació. Recorre sus bracitos y cuenta los dedos de su manito. Admira sus rollizos muslos y se divierte viendo las pequeñas uñas en los diminutos dedos de los pies. ¿Cuánto más con amor y deleite, papá Dios te miró y memorizó todas tus características? ¿Cuántos cabellos tienes en tu cabeza?, ¿y en la barba? Tu madre no lo sabe, pero papá Dios los conoce a todos y los va contando mientras se caen y dice: 9 menos... Te conoce. Pero te conoce desde antes que fueses formado en el vientre de tu madre. Esto es tan grande y tan importante que si llegas a entender la totalidad de este concepto, habrás entendido que no naciste por casualidad sino que Dios te quiere para que seas de bendición en el lugar donde estás, porque al saber Dios que tú ibas a existir y que serías hijo de los padres que tienes decidió un futuro con propósito para ti. No el propósito al estilo: “ y nació y fue útil”. No, esa no es la idea. Dios te dotó de características y habilidades para que se diga de ti: “ nació, creció, se desarrolló plenamente, disfrutó, y fue de bendición”. Porque no eres el fruto de un error ni de un descuido. No naciste como consecuencia de que alguien no tomó un anticonceptivo, ni la píldora del día después, o no usó preservativo. No. Dios sabía que nacerías ese día en el lugar que lo hiciste. Y esto es puro amor de Padre concentrado. Dios lo planeó para ti.
Yo estuve en la sala de parto en el momento de nacer de cada uno de mis tres hijos. Yo vi como el médico trabajaba y manipulaba la cabecita de ellos mientras nacían. Y de modo similar, papá Dios se preocupó y puso toda su atención en ti y te acompañó a enfrentar el ambiente externo al vientre que te contuvo durante el embarazo. No estuviste solo. Él te metió en el mundo, él te saco del vientre, él te presentó al mundo. Y aun más. Papá Dios no dice: “…pero ya eres grande, tienes edad suficiente para valértelas por ti solo...” Al contrario, está siempre a nuestro lado tomándonos de la mano para que no tropecemos y caigamos, para que nos sintamos acompañados en los malos tiempos, para que no estemos solos en los momentos de miedo, nos demos cuenta o no. Y eso es amor de padre. Un amor que por nuestra conducta puede estar desdibujado, pero que no se le olvida a Dios. No se le olvida porque te ama. Papá Dios nos da lo que necesitamos sin importar si lo merecemos.
Miguel y Nicolás atienden una sucursal de la empresa de venta de ropa y telas en el pueblo del interior provincial donde nacieron y donde Iván, su padre, construyó su nombre y capital. Una tarde se le acerca un policía amigo y le pregunta: Don Iván, ¿sabe que sus hijos recién se subieron al colectivo que va a la capital con grandes bolsos? Me llamó la atención que usted no estuviera allí. Don Iván se dirige al comercio que atendían sus hijos y lo encuentra cerrado. Al abrirlo nota que falta mercadería y todo el dinero de la caja y el que se había escondido para la reposición de lo vendido. El colectivo hace una parada en la ciudad próxima y don Iván se dirige en su vehículo hasta allí. Lo encuentra justo antes de retomar su camino, sube al colectivo, con ojos nerviosos busca el rostro de sus hijos hasta que los encuentra. Se dirige a ellos y con voz quebrada les tiende un sobre. Tomen, les dice, con lo que llevaron no les va a alcanzar para iniciar nada. Con este dinero les será más fácil. Don Iván desciende y los deja continuar su camino.
Jesús, al hablar del amor de Dios, dice que él dispone el orden natural para hacer salir el sol sobre los malos y los buenos. ¡Cuántas veces quisiéramos que sobre algunos no les amanezca! Pero Dios sabe que ese malo necesita que le amanezca. El amor de mi padre, continua diciendo Jesús, hace llover sobre el campo de los justos y también de los injustos. Y aquellos que dependen de las estaciones y de las lluvias para sus labores, o los que vivimos en las ciudades y dependemos de la energía hidroeléctrica y del agua contenida en las represas para beber, sabemos que necesitamos que llueva. Dios se preocupa por ti que eres bueno para que llueva en las montañas y el agua corra en los ríos. Para que llueva en el campo y la semilla se pudra, muera y comience a dar el fruto que los que son buenos necesitan para comer. Dios se ocupa de que llueva sobre ese buen campesino, sobre ese buen cristiano. Pero también sobre ese malo, sobre ese mal vecino. Ese también necesita de la lluvia. Ese asesino, ese violador, esa persona atroz necesita de la lluvia, del alimento, del agua, de la energía hidroeléctrica. Y por más que se lo juzgue y se lo declare indigno y no merecedor de estas cosas, Dios, por su amor de padre, hace que lo tenga porque lo necesita. Por amor a ti, por amor a él, por amor a mí.
Adán y Eva fueron dos personas que se equivocaron feo. Y por culpa de ellos somos lo que somos y estamos donde estamos. Cuando ellos desobedecen a Dios, por causa de esa actitud los echa de Edén. No podían seguir allí. No les correspondía. Perdieron ese lugar. Pero estaban desnudos y fuera del Edén, fuera del lugar especialmente construido para ellos, necesitaban ropa que los abrigue. Y a pesar de que ellos fueron malos, desobedientes y mentirosos, Dios les dio ropa. ¿Por qué? Porque la necesitaban.
Papá Dios es un Dios de misericordias, palabra que tiene el significado de dar a alguien lo que necesita sin importar si lo merece. O si toda una multitud de personas lo merecen como es el caso de los hebreos durante los cuarenta años de peregrinación por el desierto del Sinaí. Los hebreos eran unos cabezas duras y rebeldes totales. Y cuando escribo esto no dejo de pensar en una persona que me persigue y veo continuamente en el reflejo de los vidrios delante de los cuales paso y que hasta me ha parecido verla hoy en el espejo del baño antes de lavarme la cara. Pero el caso es que esos hebreos necesitaban comer. Entonces, a pesar de que día a día seguían rebeldes, día a día amanecía y tenían el maná, y cuando necesitaban agua, Dios se la proveía. Amor de padre. Es amor que no se fija si el hijo lo merece o no lo merece. ¿Lo necesita? Como lo ama, se lo da.
Dios te tiene preparada sorpresas que te asombrarán, pues le gusta sorprender con pequeños detalles para mimosearte. ¿Cómo andas de tus pies luego de trajinar todo el día? Las botas no quieren salir, hay que hacer fuerza para sacarlas. ¿Cómo sientes tus pies? Tal fue el detalle del amor y la misericordia de Dios hacia los hebreos que se preocupó que los pies no se les hinchasen durante toda la travesía, o sea, cuatrocientos ochenta meses, ni que envejeciese su calzado. A mí eso no se me hubiera ocurrido, pero Dios sabía que no podrían estar en el desierto, ni caminar lo que tenían que caminar, si empezaban con problemas en sus pies, o andaban descalzos, pues pesar de su rebeldía y falta de amor a Dios, ellos iban a llegar a donde debían llegar. Por lo tanto Dios se fue anticipando y les fue resolviendo sus situaciones adversas. ¿Se dieron cuenta de este trato? No, pero a papá Dios no le importó. Lo hizo por amor. Fíjate en esos detalles. No necesitaban ir al zapatero, no se les rompía la correa, no se les hizo un agujero en la suela. Puro amor de padre concentrado dando lo que ellos necesitaban sin importar si lo merecían o no. Eso es lo que Jesús resume y les dice al exclamar: ¡cuanto más nuestro padre que está en los cielos! Si ustedes siendo malos hacen bien y se preocupan por sus hijos, ¿cuánto más mi papá que está en los cielos hará con ustedes?
¿Cuánto más? Las navidades lo cuentan. Las Pascuas lo afirman. Dios no cambió de opinión y envió a la muerte a Jesús para que resucite y tengas al alcance de un ¡si! la vida eterna junto a papá Dios. Eso es amor de padre. Todas las cosas desde antes del principio de las edades, y desde antes que comiencen a contarse las edades, Dios las pensó y las diseñó por nosotros, porque nos ama.
Jesús decidió obedecer y darse por ti, decidió cumplir lo que papá Dios le decía porque conocía el final, porque conoce el final, porque te quiere. ¿Cuánto más? Reza en este momento a papá Dios que te está esperando. Ora a Dios, porque todo lo que la historia cuenta que hizo, lo hará por ti en el momento que sea necesario.
¿Cuánto más? Está dispuesto a vivir en ti desde ahora y para siempre. Solo pídeselo.
¿Cuánto más? Ahora te toca a
ti.

Elbio R. Lezchik

lunes, 8 de febrero de 2016

LO QUE VI - Ensayo



LO QUE VI, ESO LES CUENTO


Juan mismo, en su evangelio, cuando lo está terminando, escribe: “hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuáles no están escritas en este libro”.

Yo me lo imaginaba a Juan hablando en las iglesias, viajando, predicando, teniendo su machete, su evangelio, o no, pero cuando se paraba a hablar con la iglesia de ese lugar, el comenzaba a soltar cosas, cosas que no estaban escritas. Lo dice en su evangelio: “Jesús hizo muchas otras cosas, las cuales no están escritas”

Y en el verso 25 del Cáp. que le sigue, dice: “hay también otras muchas cosas que Jesús hizo, las cuales si se escribieran una por una, pienso que ni aun en el mundo cabrían los libros que se habrían de escribir”

¿Qué decía Juan?
Muchachos hay más. No es solo esto. Esto es algo. Esto es lo que escribimos. Y esto que hemos escrito, o el evangelio que escribí, diría Juan, o la carta, que escribí, la he escrito para que crean que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengan vida en su nombre.

Hay más. No es solamente lo que esta escrito, hay más.

¿Por qué la gente, o tal vez personas allegadas a su familia, conocidos del trabajo, van a una curandera? ¿Por qué recurren a un parapsicólogo o a una bruja?
¿Porqué la gente busca ayuda en lo que no es Dios? ¿Por qué?

Juan se para frente a la iglesia y les dice: muchachos, hay más. No es solamente esto. Yo vi, yo viví, yo toqué. Hay más, y eso es lo que les quiero contar.

Una respuesta que tengo a estas preguntas es: que los que nos rodean no saben que hay un Dios. No saben que hay un Dios poderoso. Y que muchas iglesias y congregaciones no saben quien es su Dios en toda su potencia. En un modo lo conocen, por eso se llaman cristianos, ¿pero recuerdan a Job?

La historio de Job os dice que era un tipazo, una excelente persona. De su época, lo mejor. Le paso lo que le paso, y todo lo escrito en el libro de Job, porque era buen tipo. No había nada en contra de el. Pero al final de todo lo que paso, en el cap 42:5 dice Job hablándole a Dios: “de oídas te conocía”. Otra traducción dice: “lo que se lo sé porque lo había escuchado”

Muchos cristianos viven hoy conociendo a un Dios del cual han escuchado, del cual han leído. Igual que Job. Y muchos de esos cristianos son excelentes personas, excelentes hombres, excelentes mujeres, excelentes madres, excelentes padres, excelentes hijos. Insertados en la sociedad. Bellísimas personas conforme a lo que Dios dice. Pero están en la misma, están como Job. De oídas. Yo te adoraba, te servia, te respondía en base a todo lo que me habían dicho. Pero ahora mis ojos te ven. Ahora lo sé por experiencia.
Eso marca un antes y un después en la vida de un cristiano.
Lo que yo vi, lo que yo oí, lo que yo toque respecto a quien es mi Dios, es lo que les quiero contar.
Entonces hoy, mi charla será contar mi experiencia con Dios, mi testimonio resumido a un área muy especifica. ¿Por qué? Porque hay más. Hay más de lo que ustedes saben. Hay más de lo que ustedes oyeron.

David en el salmo 136 dice: alabad a Jehová porque es el único que hace maravillas.
Y mi experiencia con Dios y sus maravillas, es lo que quiero comentarles en primer lugar.

Era niño cuando asistí a una campaña evangelistica en Rosario. El predicador era Morris Cerullo. Las reuniones que se realizaban eran muy grandes. El estadio se llenaba por completo. Y el escenario estaba en un arco. Recuerdo que estaba con chicos de mi edad, jugando y haciendo lo que todo niño de 8 o 10 años hace cuando se juntan en grupo, y la reunión va para largo.

En un momento, el pastor comienza a orar a Dios por sanidad de las personas que habían pasado para eso. Luego de la oración, una señora se acerca a los colaboradores, habla con ellos, y la hacen subir a la plataforma. Esa señora tenia un niño de aproximadamente dos años en brazos. El niño era ciego. La madre desesperada, llorando, subió para pedir oración. Lo recuerdo al pastor Cerullo orando y antes de que termine su oración, recuerdo al chiquitín queriendo agarrar el micrófono. Ese niño recibió la vista.
Ese el es poder del Dios que yo vi.
Tenía alrededor de 18 años, y fuimos a un campamento a un pueblo llamado Arroyo del Medio, a un lugar de retiros de Evangelismo de Cosecha. El predicador era Peter Warner.
En una tarde, comenzó a hablar y de repente se frena, llama a una de las chicas de mi iglesia. Esta chica tenia problemas de cadera. La hace sentar, recuerdo, en una silla, le indica que se ponga bien derecha, levanta las piernas del suelo en posición horizontal, y la pierna derecha era 4-5 cm más corta que la izquierda. Entonces Warner ora por esa chica. Yo me pare para ver. De repente, la pierna derecha comenzó a estirarse y a acercarse a la pierna izquierda, la sobrepaso un poco, y la izquierda la igualo de un tirón.
Yo lo vi.

En mi congregación, cuando era adolescente, éramos pocos. A causa de esto me toco en suerte la responsabilidad de dirigir las canciones de alabanza en el culto de los domingos. Y desde allí, no he cesado de estar en alguna actividad frente a la congregación.
Mi padre era pastor de un anexo cerca de casa, y yo estaba dirigiendo la alabanza acompañado de mi guitarra. Dentro del grupo, estaba una persona que padecía de asma crónico que le producía crisis respiratorias muy severas. Estábamos en medio de una reunión de alabanza hermosísima y esa señora fue sanada. El asma desapareció. Cuando termina la reunión la cuenta a mi mama que estaba bien, que respiraba bien, sin inconvenientes.
Fue evidente a todo ese grupo que en el momento que estábamos alabando y adorando a Dios, Dios la sano.
Hay más.

En ese mismo barrio, barrio Ludueña, en la ciudad de Rosario,  se hizo una campaña de evangelización. Y varios de los que estaban colaborando en la música y en la organización eran personas que vivían en ese barrio y se habían convertido a Cristo.
Oscar, el guitarrista era una persona que Dios había rescatado de las drogas, conocido por sus vecinos por sus grandes borracheras (antes de conocer a Jesús, valga la aclaración).
Era un excelente guitarrista.
Entonces, mientras Oscar estaba en la plataforma acompañando al que dirigía el canto, se acerca un tipo medio borracho, y comienza a gritarle. Se acoda en al plataforma y continua con sus epítetos contra él. Se conocían, habían sido compañeros de botella.  
Le decía con palabras arrastradas: eh, vos, que te crees, santito...
Oscar lo ignoraba, continuaba con la música. Pero el borracho seguía con sus gritos, y la gente que estaba alrededor, con un oído seguía al que dirigía, y con el otro no se perdía el espectáculo que se desarrollaba entre estos dos.
De repente, el borracho se sube a la plataforma, y se arrimo a Oscar y comenzó a insultarlo en voz alta. Le invitaba a pelear.
Mientras tanto, Oscar continuaba tocando la guitarra eléctrica blanca.
El borracho se indigna y levanta la mano para tirarle un trompadón. Cuando tiene la mano en alto comienza lentamente a caer de espaldas a la plataforma y ¡Plop! Queda de espaldas en el piso.
Entre dos lo bajan. Y cuando lo ponen en el césped, al borracho se le había pasado la borrachera, estaba totalmente lucido, manso, se quedo paradito escuchando toda la reunión, se escucho la predicación y acepto a Cristo como su Señor y salvador.
Dios protegió a Oscar.
En la ciudad de Pérez, cerca de Rosario, nuestra iglesia tiene un anexo. Y se decidió hacer una campaña de evangelización, de reuniones masivas. El pastor Hugo Cisero es quien estaba predicando. Al terminar la predicación del evangelio, comienza a orar por las necesidades de las personas y una señora levanta la mano, habla con los colaboradores, la hacen pasar a la plataforma, y cuenta que ella tiene un hijo pequeño de unos cuatro años, y cuenta que ese niño había nacido sin testículos. El día anterior ella había estado y habían oreado. Ella estaba entre la multitud de escuchas. Cuando llega a la casa se dio cuenta que el hijo tenia los testículos. Fue al medico y le mostró a su hijo que tenia los testículos. Además tenia todos los elementos probatorios para demostrar que antes, su hijo no los tenia. Todo el barrio conocía el problema de este niño, por lo que  esta mujer le comento a todos ellos que la noche anterior, Dios le había creado los testículos a su hijo.
Hay más. Hay mucho más de Dios que lo que ustedes hayan visto, oído o leído.

Con el grupo de jóvenes fuimos a una iglesia donde el pastor había comenzado a trabajar con chicos drogadictos. Y lo dirigía un joven que había salido hace poco de la cárcel por tenencia  y trafico de drogas, y allí había conocido a Cristo como salvador.
Fuimos con el grupo, y luego de terminar las actividades que teníamos programada, se me acerca un joven, muy drogado, voladazo, que quería hablar con migo. No articulaba bien las palabras, me costaba entenderle. Aparte, mi experiencia con este grupo de personas era totalmente nula, por lo que no tenia la menor idea de cómo tratarlo. Lo que si recuerdo es que ese muchacho quiso que oremos juntos. Nos vamos a un costado tranquilo y oro por el. Oro para que Dios lo sane, por su salvación, y el chico se va.
A la semana siguiente, el líder de esos jóvenes me comenta que ese muchacho por el cual habia orado no me quiso comentar lo sucedido, pero mientras estábamos orando, el efecto de la droga se le había ido. Y no solo eso, sino que me explicaba que se había inyectado hacia solo media hora. Se inyecto y se fue para la reunión. O sea, que el efecto de esa droga tenia que haber pasado varias horas después. No era normal lo que aconteció. Le asombro como,  luego de terminar la oración estaba completamente lucido.
Dios le saco la droga de la sangre.

En la iglesia que asistía cuando era adolescente, la Santa Cena se hacia una vez por año. Y la costumbre era juntarse de varias congregaciones a celebrarlas juntos. Como cada congregación la hacia también una vez al ano, resultaba que teníamos varias reuniones de santa cena al año, pero siempre en congregaciones distintas. La rutina de la celebración era que luego de que participaban todos los miembros, se juntaban en la plataforma todos los pastores que habían concurrido y los diáconos, y participaban ellos de la Santa Cena. Luego de tomar el pan y la copa, se arrodillaban en circulo y oraban a Dios, mientras toda la congregación también oraba.
Yo estaba parado mirando desde el fondo del salón lo que pasaba en la plataforma. Y veo que desde una ventana que estaba en lo alto de la plataforma baja un haz de luz que ilumina la cabeza de todos los pastores. La hora del día y el sol no coincidían para que entre luz por esa ventana. Lo cierto es que la cabeza y los cabellos de los pastores mientras oraban, resplandecía de un modo espectacular. Esa visión quedo grabada en mi retina.

Para Viviana, mi esposa, el tercer embarazo fue bastante complicado. Los últimos meses debió pasarlos en cama, en reposo absoluto. Ella, por causa de que vivamos en Rafaela y no teníamos familia allí, debió mudarse con mis dos hijos a Rosario, a casa de mis padres.
Un domingo llega invitado a almorzar un pastor que estaba realizando una serie de reuniones especiales en Rosario llamado Alberto Romay. Luego de comer comenzamos a hablar y decide orar por el embarazo de Viviana. Durante la oración siente como se reacomoda el bebe en su vientre, y desde ese momento, no tuvo mas problemas hasta el momento del parto.

Mi papa, durante muchos años fue taxista. La economía en casa estaba complicada, y aun los domingos, luego de la reunión, mi papa salía a trabajar por algunas horas para tener dinero para el combustible de la mañana y los gastos de ese día. Fue una noche mala, no recaudo casi nada, por lo que no pudo cargar combustible para el día lunes. El taxi que tenía era un Dodge Coronado de seis cilindros. Llego a casa mal, dejo un poco de dinero a mi mama para lo mínimo del lunes, y al acostarse le pide ayuda a Dios, que le concediese un viaje corto a los fines de recaudar algo para cagar combustible y así, de a poco ir trabajando.
Sale a la mañana, y en la esquina de casa toma un viaje, al dejar el pasajero, se dirige a una estación de servicios para cargar combustible con lo recaudado. Cuando el playero comienza a cargar, el automático de la manguera salta, no entra el combustible. Esta lleno, le dice el playero. Mi papa lo mira de reojo y le dice “no”. Intenta otra vez y lo mismo. El tanque esta lleno le repite el playero. Perdon, dijo mi papa y se fue manejando. Frena a los pocos metros y comprueba que en verdad, el tanque de combustible estaba lleno, a rebosar. Mi papa trabajo todo ese día sin cargar combustible, por lo que todo lo recaudado se utilizo para las necesidades de la familia, y aun parte del otro día.

Mi padre nació en un pueblo llamado El Colorado, en la provincia de Formosa, en el norte de Argentina. De familia ucraniana, a los doce años viajo a Buenos Aires para iniciar su carrera militar. En ese entonces la opción era, trabajar en la chacra o ingresar en el ejército. El trabajo de la chacra era escaso, por lo que no tuvo mejor opción que la segunda.
Entonces, desde su adolescencia, vivió lejos sus cosas y de su familia, ya que podía, por causa de su escaso dinero, visitarlas una vez al año, cuando tenia sus vacaciones.
En uno de esos viajes, siendo ya sub oficial del Ejército Argentino, se conoce con mi mamá.
Mi mama viene de familia cristiana evangélica, siendo mi abuelo materno un hermoso pastor de la ciudad de Rosario.
Resulta que se ponen de novio, mi mamá cristiana, mi papá nada que ver, y así transcurren los primeros dos años de noviazgo. Mientras tanto, mis abuelos maternos se la aguantaron. Y desde el día que les anunció su noviazgo con este militar, mis abuelos comenzaros a orar por mi papá. Todos los días, todas las noches.
Pasaron dos años de noviazgo viniendo mi papa a Rosario los fines de semana, pues en ese entonces estaba destinado en la ciudad de Paraná, Entre Ríos, y la acompañaba a las reuniones de domingo, pero hasta la puerta de la iglesia, allí se quedaba , y al finalizar la buscaba y daban una vuelta por el parque. Imaginen la rutina de los noviazgos en la década de 1950.
Por ese tiempo mi papa quería formalizar el matrimonio, y quiso definir la fecha del compromiso. Y mi mama le dijo que no. Mientras él no sea cristiano ella no formalizaría su matrimonio. Comienzan a discutir fuerte y en el fragor de la discusión saca la pistola reglamentaria y se la coloca en la cabeza, amenazándola de muerte. Si no te casas con migo, te mato, le dice.
Matame, le responde mi mamá, pero si vos no sos cristiano, yo no me caso.
Mi papa murió en el año 2005 en un choque múltiple en una autopista, yendo junto a otros pastores a una convención. Dios le había puesto un corazón pastoral bellísimo. Pero esto fue a causa de que mi mama, apoyada por sus padres en oración, tomo una decisión y se mantuvo firme, y Dios respondió a esas oraciones, nada más. Y Dios respondió en apoyo a una decisión.

Yo no tengo casa propia, sino que alquilo.
Estuvimos viviendo en muchas ciudades a causa de mi trabajo, y desde el año 1996 estamos en Villa María.
Un par de meses atrás mi hermana menor me dice que averigüe en el Banco Nación que daban unos prestamos para la compra de vivienda muy buenos. Averiguo y no es así, sino que los montos mensuales de la hipoteca son imposibles de pagar para mi. Esto me entristeció y me causo pesar.
Algunos días después, hablaba con un amigo cristiano y me dice que unas noches atrás el estaba orando por mi, y que Dios le dijo que no te preocupes por tu casa. Que no te aflijas.
El tema es que el no sabia nada de esto. Pero Dios sí había escuchado, Dios sí había oído mi corazón y mis pensamientos no le fueron ocultos. Entonces envió a otro a consolarme y a decirme que el lo sabe todo y que tiene cuidado de mi.
Lo que yo vi, lo que yo viví, lo que yo palpe, eso les estoy contando.

Mi esposa Viviana se hizo cargo de un curso bíblico para que los niños y adolescentes reciban, al concluirlo, una biblia de regalo.
En una de las clases donde desarrolla el tema de confiar en Dios, Viviana coloca al final un espacio para que los chicos escriban una petición especial a Dios. La pregunta era ¿Qué le pedirías a Dios?
La gran sorpresa fue que una niña escribe “quiero conocer a mi papá”. Cuando Viviana me lo cuenta, lo pongo en mi lista oración.
Esta niña termina el curso y Viviana le entrega su biblia como premio. Al finalizar la reunión, esta niña la llama y le dice: “sabe seño, conocí a mi papá”
Hay más de Dios.

Pero muchos más.
El salmista estaba en lo cierto cuando escribe el salmo 136, que en esa época no tendría ese número, pero lo conocemos asi. En el verso cuatro dice: solo Dios hace grandes maravillas.

Esta es mi experiencia con Dios relacionada con sus maravillas. 
Pero también tengo mi experiencia con Dos relacionada a sus dones y ministerios. En el libro de primera Corintios cap. 12 habla que Dios le ha dado a su cuerpo, a la iglesia, dones y ministerios, o habilidades según otras traducciones, con el propósito de ayudar, con el propósito de hacer crecer, con el propósito de perfeccionar, con el propósito de que la cosa funcione y que se sepa quien es Dios. Que se sepa que hay más.

Respecto a eso, yo hablo en lenguas. Cuando hablo con Dios, hablo con mi lengua y mi entendimiento, pero hay un momento en la oración que mi espíritu quiere expresarse, y allí doy paso al hablar en lenguas espirituales. Dios y mi espíritu se entienden.
Pocas veces lo hago en público. Lo hago cuando hay alguien que interprete lo que digo.
Soy adorador. Me defino como adorador. Desde los 13 años, que por obligación debí estar al frente de una congregación para llevarlas a adorar a Dios, que aprendí a depender del Espíritu Santo para adorarle y llevar a la iglesia hasta su trono en adoración. Y allí aprendí que ser un adorador y adorar es una cuestion de actitud, no de cantar canciones con ritmo lento o con palabras bonitas.
A mi me gusta derramarme delante de la presencia de Dios y llevar a la congregación a ese lugar, para contemplar juntos la grandeza de nuestro Señor.

Soy intercesor.
Intercesor es aquel que se pone delante de Dios a favor de otras personas. Y el testimonio de esta niña que conoció a su papa es resultado de una labor de intercesión.

Soy predicador. Estoy predicando.
Y cada vez que lo tengo que hacer, pregunto al pastor que me invita que tema quiere que desarrolle, pero si me dicen : el que vos quieras, el que Dios te indique, para mi significa una carga especial, porque lo que a mi me interesa es buscar a Dios y tener de él la palabra justa y adecuada para esa congregación en ese momento.  No me interesa tomar un libro y decir cualquier estudio bíblico, o buscar mis predicaciones y repetir alguna de ellas.
No me interesa eso. A mi me interesa conocer el corazón de Dios que los conoce a ustedes en este momento y que sabe que es lo que ustedes necesitan.
Por eso les digo: hay más.

Pedro tiene una visión de una sabana que baja del cielo llena de animales vivos, bastante asquerosos para él. Y Dios le enseña a traves de eso, que no tenia que hacer diferencia entre las personas.
¿Por qué paso esto? Porque había un señor de nombre Cornelio que amaba a Dios a pesar de ser soldado romano. Y tenia buen testimonio delante de todos los judíos que Vivian en su ciudad.
Dios le ordena a Cornelio, a través de una visión,  que lo mande a buscar a Pedro.
Cuando Pedro obedece y llega a la casa de Cornelio, dice en Hechos .... que Pedro comenzó a predicarles y a contarles de jesús.
Yo me figuraba a Cornelio escuchando esa palabra con avidez. Tragando y haciendo carne cada cosa que escuchaba y en su corazón diciendo: “Dios, yo quiero eso, lo quiero..” Y mientras Pedro aun hablaba, cayó el Espíritu Santo sobre todos los que escuchaban como en Pentecostés.
Dios le arruino el sermón a Pedro, le corto la predicación.
Y los fieles que habían venido con Pedro se quedaron atónitos al ver que también sobre los gentiles se derramara el don del Espíritu Santo. Porque los oían hablar en lenguas y glorificaban a Dios.

Yo creo que Cornelio decía: quiero más. Lo escuchaba a Pedro y decía: yo lo quiero ..., eso quiero. Y Dios respondió a su oración.

Lo que yo vi, lo que viví, lo que oí, eso les estoy contando, para que sepan que hay más. Que hay más de Dios, que hay más de su Santo Espíritu, que hay más de su poder, que hay más de sus milagros, que hay más de sus maravillas. Que hay mucho más de lo que está escrito y mucho más de lo que les han dicho.

¿Cómo va a saber la gente de nuestra ciudad que existe Dios si ustedes no lo muestran?
¿Cómo va a saber la gente que necesita de Dios que hay un Dios que sana, si la gente no se sana?
¿Cómo se va a saber en nuestra ciudad que hay u Dios que hace maravillas si estas no se ven?

En el libro de primera Corintios 2:9 dice: “cosas que ojo no vio, no oído oyó, ni han subido al corazón del hombre, son las que Dios ha preparado para los que lo aman”

Más de lo que está escrito, porque no se podría escribir.
Juan en su retórica o en una metáfora dice: no existiría lugar en el mundo para escribir todo lo que hizo Jesús.

Más de lo que se puedan imaginar, es lo que Dios tiene preparado para los que aman a Dios en este tiempo.

Hay más.


Elbio R. Lezchik

miércoles, 31 de julio de 2013

Enrique



Dicen que sucedió cerca de la ciudad de Santiago del Estero, en un caserío donde reina la siesta y la buena vecindad. Y dicen que Enrique estaba bastante mal.

Antes de que el sol cayera a plomo sobre el monte, Enrique emprendió el retorno a su casa para almorzar y dormir la merecida siesta, luego de hachar un lote de algarrobos. El primer dolor en el vientre lo frenó en la tortuosa picada. Sus rodillas se doblaron y su frente sudorosa tocó el polvo reseco. Sus brazos se enroscaron sobre su abdomen como si tuvieran el poder de hacer cesar el dolor, ese espantoso dolor que lo abandonó luego de una larga agonía revolcado en tierra. Se levantó muy débil y lentamente continuó el camino a su casa.  

Y la madre lo vio, o más bien escuchó un grito en su interior que la obligó a salir al sol y correr hacia la picada para ver la angustia de su hijo.

Y el dolor volvió. Su vientre se hinchó y la fiebre competía con la temperatura del sol. Ya no quería ni tomar agua. A la siguiente mañana, envuelto en un dolor tremendo, Enrique murió.

Todo fue tan rápido, que la noticia de la rara enfermedad de Enrique aún no había recorrido toda la colonia, cuando la novedad de su muerte llegó a oídos de todos.

Murió Enrique y la compasión del pueblo se volcó hacia Doña Juana, su madre viuda, que no es muy mayor, pero el monte y la vida le marcaron tanto el cuerpo y el rostro, que todos los niños siempre la han llamado Nona Juana.

En la capilla se organizó el velatorio. Familiares, ninguno, ya no le quedan. Vecinos, todos y siempre cerca. Al caer la tarde cuando cede un poco el calor y las sombras se alargan, en procesión salen del pueblo hacia el cementerio. Sobre una chata tirada por dos caballos llevan el ataúd cerrado. Doña Juana no ve nada, camina por instinto, detrás del murmullo de las ruedas, rodeada por todos, con los ojos llenos de lágrimas, ciegos de dolor.

Y se golpeó contra la chata que frenó de golpe. Comenzaron los gritos, confusos, de ira, de terror. Y Enrique la llama.

Allí está Jesús con Enrique a su lado que corre para abrazarla. Y Jesús sonríe y se va.